FILO ABIERTO

Artículos · La empatía de mí mismo

Qué es un poemario y cómo se construye uno

Por Jesús Rivas · · 3 min de lectura

Un poemario es un libro formado por poemas de un mismo autor que se leen como un conjunto. No basta con juntar textos: lo que convierte una pila de poemas en un poemario es que haya un hilo, un orden y una intención que los une. Un buen poemario se puede abrir por cualquier página, pero leído entero dice algo que ningún poema dice por separado.

Poemario, antología y recopilación

Qué esQuién elige
PoemarioLibro de poemas de un autor pensado como unidadEl propio autor
AntologíaSelección de poemas, de uno o de varios autores, normalmente ya publicadosUn antólogo o editor
Recopilación o poesía reunidaTodos o casi todos los poemas de un autor, a menudo en orden cronológicoEl autor o sus editores

La diferencia está en la intención. Una antología enseña lo mejor; una recopilación lo conserva todo; un poemario construye un recorrido.

Cómo se construye un poemario

  1. Reunir sin juzgar. Primero se juntan todos los poemas, también los que dan vergüenza. Es frecuente descubrir en esa pila temas que se repiten sin que uno se hubiera dado cuenta.
  2. Encontrar el hilo. Puede ser un tema, una etapa, un lugar, una persona o una pregunta. El hilo es lo que justifica que esos poemas, y no otros, estén en el libro.
  3. Dividir en partes. Muchos poemarios se organizan en secciones con título propio. Ayudan a respirar y a entender el recorrido.
  4. Decidir el orden. Cronológico, temático o emocional. El orden cambia el sentido: un poema triste después de uno luminoso no se lee igual que al revés.
  5. Elegir los umbrales. El título, la dedicatoria, la cita inicial y una nota del autor son la puerta del libro. Orientan sin dar instrucciones.
  6. Cortar. Lo que no suma al conjunto se queda fuera, aunque sea bueno por sí mismo.

Un ejemplo: cinco mantras y ninguna cronología

La empatía de mí mismo, de Jesús Rivas, es un buen ejemplo de esa construcción. Sus poemas nacieron sueltos, en servilletas, cuadernos y notas del móvil, a lo largo de toda una vida. Al reunirlos, el autor vio que había cinco temas que volvían, cinco mantras, y los convirtió en las cinco partes del libro: Inquietudes, Camino a Eva, El miembro amputado, El círculo y Penitencia.

La decisión más llamativa es que el libro no sigue un orden cronológico. El chaval que escribía con la tinta todavía temblando comparte página con el hombre que ya ha acumulado cicatrices. Y el autor tampoco corrige los versos antiguos:

«Para mí, la pureza de un sentimiento no se mide con la regla de la métrica, sino con la verdad con la que se escribe.»

Para dar sentido a ese desorden aparente, el poemario se apoya en las etapas de Erikson: las crisis de la vida no son una escalera, sino un círculo que se vuelve a recorrer.

¿Hace falta saber métrica para escribir un poemario?

No es imprescindible, aunque conocerla ayuda. Buena parte de la poesía contemporánea se escribe en verso libre, sin rima ni medida fija, y su música viene del ritmo de las frases, de las repeticiones y de los cortes de línea. Lo que no se puede improvisar es la honestidad: el lector nota enseguida cuándo un poema está escrito para quedar bien.

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