Artículos · La empatía de mí mismo
Autocompasión: qué es y por qué cuesta tanto mirarse con empatía
Sabemos consolar a un amigo que se ha equivocado. Le decimos que le pasa a cualquiera, que no es para tanto, que mañana será otro día. Pero cuando el que se equivoca es uno mismo, la voz cambia de tono y se vuelve un juez. La autocompasión consiste en algo tan sencillo de decir y tan difícil de hacer como esto: tratarse con la misma amabilidad con la que trataríamos a alguien a quien queremos.
Qué es la autocompasión
La psicóloga Kristin Neff, que ha estudiado el concepto durante años, la describe con tres componentes:
- Amabilidad con uno mismo, en lugar de juicio. Hablarse con comprensión cuando las cosas salen mal.
- Humanidad compartida, en lugar de aislamiento. Recordar que equivocarse y sufrir es parte de la experiencia de todos, no un defecto personal.
- Atención plena, en lugar de sobreidentificación. Reconocer lo que duele sin negarlo y sin dejar que lo ocupe todo.
Lo que no es la autocompasión
| En qué se diferencia | |
|---|---|
| Lástima de uno mismo | La lástima encierra y aísla («pobre de mí»); la autocompasión conecta con los demás («esto le pasa a cualquiera»). |
| Autoestima | La autoestima depende de sentirse bien valorado; la autocompasión no exige ser mejor que nadie, y está ahí precisamente cuando fallamos. |
| Autoindulgencia | No es justificarlo todo. Se puede ser amable con uno mismo y, a la vez, asumir lo que hay que cambiar. |
Por qué cuesta tanto
Muchos creemos que ser duros con nosotros mismos es lo que nos hace mejorar, y que si nos tratamos con suavidad nos volveremos complacientes. Además, la empatía se nos enseña casi siempre en una sola dirección: hacia fuera. Aprendemos a ponernos en el lugar del otro, pero nadie nos enseña a ponernos en el nuestro.
Esa es justamente la idea que da título a La empatía de mí mismo, el poemario de Jesús Rivas. En su nota de autor lo explica así: el libro es el intento de conseguir que la empatía, esa que solemos lanzar hacia los demás, recorra el camino inverso hasta su origen.
Mirar al chaval que fuiste
La cubierta del libro lo dibuja: un hombre se asoma al agua y, en el reflejo, un muchacho lo mira desde abajo. No se salvan el uno al otro; simplemente se miran. Es el adulto contemplando al chaval que fue, y el chaval preguntándole al adulto en qué se han convertido.
El autor lleva esa mirada a su manera de editar: no ha corregido los versos torpes de su juventud. Corregir al chaval con la mano del hombre, dice, sería mentirle. Es una forma muy concreta de autocompasión: aceptar quien fuiste sin avergonzarte de él. Y termina la introducción con una petición al lector:
«Cuando encuentres un verso que te pertenezca, te detengas un momento y te mires a ti mismo con la misma ternura con la que yo he intentado mirarme.»
Tres gestos sencillos para empezar
- Cambia la voz. Cuando te equivoques, pregúntate qué le dirías a un amigo en tu situación, y dítelo a ti.
- Ponle nombre. «Esto me duele» es más amable y más útil que fingir que no pasa nada.
- Escríbelo. Una nota, una carta o un poema. Poner palabras a lo que se siente lo ordena, y eso es lo que el autor del libro lleva haciendo toda la vida.
Para saber más sobre la idea que ordena el libro, lee las 8 etapas de Erikson.
Artículo divulgativo basado en el trabajo de Kristin Neff sobre la autocompasión. No sustituye la ayuda de un profesional de la psicología si estás pasando por un momento difícil.