Qué es un glory hole y cuál es su historia
Se llama glory hole a una abertura en una pared que separa dos espacios y permite una interacción sexual entre dos personas que no se ven. Esa es la definición mínima. Parece suficiente hasta que uno intenta entender una experiencia concreta, porque la pared no dice quiénes son esas personas, si se conocen, si han ido juntas, qué han acordado ni cómo viven lo que ocurre.
En español solemos conservar la expresión inglesa, que funciona casi como una contraseña: quien la conoce cree reconocer un mundo, y quien no, se queda fuera de la conversación. Arrastra además mucho chiste y muchas imágenes sacadas de internet. Este artículo intenta lo contrario: mirar lo que nombra sin guiños y sin escándalo.
Una pared, tres cosas distintas
Cuando se pregunta por su origen conviene separar tres cosas que suelen mezclarse:
- El deseo de encontrarse sin ser visto, que probablemente es tan antiguo como el deseo mismo.
- El uso de espacios públicos, como los aseos, para una intimidad clandestina.
- La abertura física entre dos recintos.
Mezcladas dan una historia vistosa. Separadas empiezan a explicar algo, porque una de ellas puede tener una historia mucho más larga que las otras.
Un retrete de 1707
Una de las huellas documentales más antiguas lleva al Londres de comienzos del siglo XVIII. En la relación de un proceso contra Thomas Vaughan y Thomas Davis, celebrado en 1707, un hombre declaró que en un retrete cercano al Temple alguien le había hecho una proposición a través de una abertura en el tabique. Pero lo que el documento cuenta no es un encuentro aceptado por las dos partes, sino una acusación de chantaje: el hombre decía haber sido amenazado con una denuncia para obligarlo a pagar.
El documento permite afirmar que en 1707 alguien habló de una abertura entre dos espacios de un retrete. No permite convertir ese episodio en la fecha de nacimiento del glory hole. «Primero» suele significar, en estos asuntos, el primer caso que alguien dejó por escrito y que hemos sabido encontrar.
Aseos, vigilancia y tribunales
Durante buena parte del siglo XX, estos encuentros aparecen en los papeles sobre todo cuando intervenía la autoridad:
- El historiador Geoffroy Huard estudió los encuentros entre hombres en los urinarios públicos de París entre 1945 y 1975, a través de archivos que muestran tanto los encuentros como los mecanismos de vigilancia.
- En 1962, el Tribunal Supremo de California resolvió un caso nacido en unos aseos de Long Beach: dos cubículos con un agujero en la separación y, encima, un tubo desde el que un agente observaba sin ser visto. El tribunal consideró inadmisible la prueba obtenida con aquella vigilancia encubierta.
- El sociólogo Laud Humphreys describió en Tearoom Trade (1970) que esos encuentros fugaces tenían reglas, papeles y expectativas compartidas, aunque nadie se presentara.
Esa historia obliga a distinguir la distancia elegida de la impuesta. Para muchos, la clandestinidad era el precio de no poder nombrar un deseo castigado. La misma reserva que hoy alguien busca para un juego le sirvió a otro, en su día, para protegerse de una denuncia.
Del aseo al local: España
Con el tiempo, la abertura pasó de rincones improvisados a espacios que la prevén, como clubes para adultos y locales de intercambio de parejas. En España hay al menos dos huellas periodísticas: un reportaje de Guillermo Abril en El País Semanal (2011) describía una pared con aberturas en un club madrileño, y Pablo León volvió a mencionarlas en 2016 al recorrer locales de Madrid. Eso documenta que existían, no cuándo llegaron ni cuántos había.
El cambio de lugar no es un detalle. Un agujero abierto sin permiso en un aseo que cualquiera puede necesitar y un elemento anunciado en un recinto al que solo entran adultos que lo han decidido se parecen en la geometría, pero no en lo social ni en lo ético. En el primero hay personas que no han consentido participar, ni siquiera como espectadores.
Lo que la pared no dice
La pregunta interesante no es desde cuándo existe, sino por qué alguien elige no ver a quien tiene delante. Lo tratamos en anonimato y deseo. Y la más importante, cómo se pone un límite a quien no tiene rostro, en señales a ciegas.
Fuentes citadas en Glory Hole. Historia, deseo y anonimato (Dante Soler, 2026): relación del proceso contra Vaughan y Davis (1707); G. Huard sobre los urinarios de París (1945–1975); Tribunal Supremo de California (1962); L. Humphreys, Tearoom Trade (1970); El País Semanal (2011) y El País (2016). Contenido para lectores adultos.