Anonimato y deseo: por qué alguien elige no ver a quien tiene delante
Hay una pregunta que casi nadie formula en voz alta: ¿por qué alguien elige no ver a quien comparte con él un momento íntimo? La reacción más rápida es suponer vergüenza, secreto o algo extremo. La respuesta, cuando se escucha a quienes lo viven, es bastante más variada y dice tanto de ellos como de nosotros.
La película que montamos sin datos
Ante una práctica de la que se habla poco, la imaginación rellena los huecos con lo que tiene a mano: escenas de pantalla, bromas, rumores, la idea de que todo lo oculto tiene que ser extremo. El narrador de Glory Hole lo reconoce al principio del libro: un amigo le contó en dos frases que había probado la experiencia en un local, y él, sin darse cuenta, montó una película entera. Cuando intentó recordar qué le había dicho exactamente, descubrió que buena parte de esa película la había dirigido él.
Le pasa a cualquiera, y el resultado es siempre el mismo: las personas reales quedan sustituidas por personajes más fáciles de entender.
Qué ofrece no ver
Los relatos que recoge el libro no apuntan a una sola razón, sino a varias que se combinan:
- Suspender la identidad un rato. Sin cara ni nombre no hay biografía, ni expectativas, ni el personaje que uno interpreta el resto del día.
- Quitarse el peso de la mirada. Hay quien se siente juzgado por su cuerpo, su edad o su timidez, y la pared le aligera esa carga.
- La incertidumbre como atractivo. No saber quién está al otro lado es, para algunos, lo que da sentido a la experiencia. Para otros es justo lo que la hace desagradable.
- Un encuentro sin continuidad. Contacto sin conversación, sin promesa de una segunda vez y sin que el encuentro derive en otra cosa.
Lo que el anonimato no hace
Una de las ideas centrales del libro es que visibilidad e intimidad no son sinónimos. Hay relaciones fugaces con gestos muy visibles que resultan profundamente impersonales, y hay personas a quienes conservar parte de su identidad fuera de escena les cambia lo que se atreven a pedir o a rechazar. Pero eso no convierte el anonimato en una virtud:
- No vuelve más ético un encuentro. A veces aligera expectativas sociales; otras dificulta la comunicación o facilita que alguien se desentienda de lo que hace.
- No elimina la confianza. Incluso quien busca un rato sin continuidad depende, durante ese rato, de cómo actúa el otro.
- No borra la responsabilidad. Lo que ignoro de la persona no me autoriza a ignorar lo que sí me está comunicando.
La distancia elegida y la impuesta
Hay que mirar también la historia. Durante mucho tiempo, encontrarse sin ser visto no fue una preferencia, sino la única forma posible para quienes tenían un deseo castigado o mal visto. La colección a la que pertenece el libro se hace una pregunta que sirve para cualquier vida: antes de interpretar lo que alguien mantiene oculto, hay que averiguar qué le habría costado mostrarlo. Lo contamos en qué es un glory hole y cuál es su historia.
Una pregunta que nos incumbe a todos
Glory Hole. Historia, deseo y anonimato es el primer volumen de La distancia íntima, una colección de ensayos sobre las zonas menos visibles del deseo. Su punto de partida es que se puede desear la cercanía de alguien y reservarse una parte de la vida, y que entre lo que se ofrece y lo que se guarda se decide buena parte de la intimidad. La pregunta no es qué hace esta gente, sino qué dice todo esto de nosotros: cuánto de nosotros estamos dispuestos a mostrar a quien tenemos cerca.
Los testimonios del libro proceden de conversaciones reales con nombres cambiados. Contenido para lectores adultos.