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La industria musical ante la IA: de las demandas a los acuerdos

Por Jesús Rivas · · 2 min de lectura

En dos años la industria musical ha pasado de ver la inteligencia artificial como una amenaza a tratarla como un negocio que hay que controlar. Las discográficas que en 2024 demandaban a Suno y Udio son hoy, en buena parte, sus socias. Entender ese giro ayuda a ver hacia dónde va la música.

2024: las demandas

En junio de 2024, Universal, Sony y Warner demandaron en Estados Unidos a Suno y a Udio por entrenar sus modelos con grabaciones protegidas sin permiso. La acusación era sencilla: estas herramientas no habrían podido existir sin copiar millones de canciones. Suno acabaría reconociendo que había usado audio descargado de YouTube.

2025–2026: los acuerdos

FechaAcuerdo
Octubre de 2025Universal y Udio. Udio desactiva las descargas.
Noviembre de 2025Warner con Udio y con Suno
Enero de 2026Merlin (sellos independientes) con Udio
Abril de 2026Kobalt (editorial) con Udio
Septiembre de 2026Suno lanza su versión 6 con catálogos de Warner, BMG y Believe

A la vez, Universal y Sony ampliaron en septiembre de 2026 su demanda contra Suno a más de 60.000 grabaciones. La estrategia es doble: pactar con quien acepta pagar y presionar a quien no.

Qué gana cada parte

  • Las discográficas cobran por el uso de sus catálogos y deciden en qué condiciones se usa.
  • Las empresas de IA ganan seguridad jurídica y acceso a música de calidad para entrenar.
  • Los usuarios ganan herramientas «legales», pero pierden libertad: menos descargas, más uso dentro de la plataforma.
  • Los artistas y compositores deberían recibir una parte, aunque los detalles del reparto no se han hecho públicos.

Lo que queda para los músicos

Los acuerdos se firman entre grandes empresas. El músico de estudio que hacía sintonías, el compositor de música para publicidad o el grupo que empieza no se sientan en esa mesa. Para ellos la competencia es directa: las plataformas reciben cada día decenas de miles de pistas generadas, como contamos en Spotify y las canciones hechas con IA.

Lo que sigue a salvo es lo que no se puede generar: el directo, la relación con un público, la decisión de qué merece la pena cantar. No es poco, pero exige que alguien lo defienda.

Una conversación que no es solo de la industria

Lo que se decida en estos años afectará a quien crea, a quien trabaja en la música y a quien la escucha. Música sin músicos recorre la creación, las plataformas, los derechos y el directo para examinar qué podemos ganar con la IA y qué condiciones merece la pena cuidar. Si quieres empezar por lo práctico, lee derechos de autor e IA en la música.

Cronología basada en los comunicados de las empresas y la prensa especializada (2024–2026). Los términos económicos de los acuerdos no son públicos.